Desde ayer la blogósfera internacional está llena de combinaciones poco ingeniosas entre los nombres de Microsoft y Yahoo!, acompañadas éstas por diferentes fusiones caseras entre ambos logos.

De hecho, no es la primera vez que algo así ocurre; pero sí es la primera vez en que las condiciones se han dado para que la fantasía (o pesadilla) finalmente se concrete en la realidad.

Esta vez Microsoft quiere comprar Yahoo! en serio, de otra manera Ballmer no hubiera semi-amenazado a Yang (co-fundador y actual CEO de Y!) con un tope de dos días para hacer pública la noticia. Yang no contestó -personalmente no simpatiza con MS- y Steve cumplió con su hostil promesa. Yahoo! está débil y Microsoft sigue tan fuerte como siempre. Para bien o para mal, es el momento.

Pero, ¿por qué? La respuesta no tiene que ver con ninguna de las dos compañías, sino con una que hace apenas unos años siquiera existía. Sí, ya saben cual. Por alguna razón, Microsoft ignoró a Internet desde sus comienzos y nunca la tomó realmente en serio. Hasta que un día, dos muchachos demostraron (casi de casualidad) que se podía ganar miles de millones de dólares con un buscador original y anuncios relevantes en él. Suena fácil de imitar, pero ya era tarde. Usuarios, anunciantes y webmasters se habían instalado por completo en los brazos de Google.

Las computadoras ahora comparten dos reyes: uno en el escritorio y otro en el navegador. Pero, cada uno de ellos quiere reinar en ambos campos. Tanto Microsoft como Google van por el todo; y desde ahí la relación se torna irreconciliable.

En ocasiones se produce un extraño fenómeno donde el poder no resulta suficiente para conseguir lo deseado (no quiero hacer referencias a invasiones de potencias a países pequeños, pero sería un buen ejemplo). Microsoft tiene todo el dinero del mundo y no pudo vencer a Google con él. Nunca se enfrentó a algo así, su mayor competencia siempe fue otro de sus propios productos (XP y Vista, IE 7 e IE 6, etc.), como una especie de esquizofrenia informática. Pero Google no sólo le compite, sino que por primera vez le gana cómodamente.

Tras muchos intentos independientes, Microsoft comprendió que sólo había una forma de golpearlo: uniéndose con Yahoo!, el otro competidor vencido; aquel que alguna vez se encargó de organizar la red cuando el PageRank ni siquiera pasaba por la cabeza de un desconocido Larry Page. Microsoft necesita la cartera de clientes de Yahoo! para mezclarla con la propia, y así conseguir más clicks (triple de publico en su buscador), más caros (puja de anunciantes que hoy no tiene), y por consiguiente también más webmasters interesados en sumarse a su propuesta (que tampoco están). La gran Google, digamos. Y a eso debemos sumarle servicios buenos y aceptados (Flickr, del.icio.us, Yahoo Mail, entre otros) que llegarían a Redmond de un día para el otro, junto con miles de empleados que traen consigo una cultura muy diferente.

De concretarse la adquisición de Yahoo! por parte de Microsoft, el mejor resultado posible sería que Google se vea en alguna medida debilitado. Pero otro lado, estaremos en presencia de un nuevo y peligroso gigante. ¿Más poder a uno para quitárselo a otro? Con la adquisición se le estaría dando más poder a uno, eso es seguro; pero ese poder sería el de Yahoo! y no el de Google. Increíblemente, a priori Google seguiría intacto, ya que la suma de ambos sigue sin superarlo en el mercado de los buscadores que tan bien maneja y que tantas ganancias le da -todos los demás proyectos pueden ser interesante, pero el dinero sigue viniendo exclusivamente de AdWords-.

¿Entonces? ¿Seguimos confiando en que Google se autoimponga su propia moral (”no seas malo”) por siempre, o aceptamos que un nuevo competidor (no tan nuevo en verdad…) finalmente se enfrente a él para ponerle algún límite? La situación no es clara. Nada garantiza que esta fusión no sea otro AOL-Time Warner. Sabemos que así las cosas no parecen cambiar, pero si Microsoft compra a Yahoo! (hecho realmente histórico) y tampoco cambian -o incluso empeoran- poco resta por imaginar más que a un nuevo par de desconocidos revolucionando Internet; otra vez. Personalmente, en esta última posibilidad reposa mi esperanza.