
Veámoslo así: Hay niveles y niveles de intrusión que puede tener un jefe en la tarea del trabajador. El jefe puede criticar el trabajo del empleado, puede hacerle todo tipo de observaciones, puede incluso, monitorear su comportamiento, vigilarlo mientras trabaja y hasta corregir sus errores. Sin embargo, hay un límite para esa clase de control.
¿Qué harían si les dijeran en su trabajo que implementarán un sistema de monitorización de su productividad, competencia y bienestar físico y mental que los conectará al ordenador mediante cables y electrodos para medir en tiempo real su ritmo cardíaco, respuesta galvánica de la piel, actividad cerebral, ritmo respiratorio, temperatura corporal, expresiones faciales y presión sanguínea? Además, elaborará tasas y coeficientes de productividad, analizará la forma en que utilizan su tiempo y el desperdicio que hacen del mismo y elevará todos esos datos a sus superiores.
Esa es la idea de software de “espionaje” laboral que Microsoft acaba de patentar en el mercado estadounidense, un proyecto que no es muy probable que salga al mercado pero que de todas formas está siendo elaborado, como una muestra de la involución que pretende dar a las técnicas de motivación e incentivo de los empleados.
A alguien en Microsoft le hace falta un MBA…
Vía | Times

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